Antes de la aparición de la escritura, el pensamiento hecho palabra se evaporaba al ser pronunciado sin dejar registro. El mundo y todo vestigio de intelectualidad perecían con el hombre. Podría decirse que para aquella época existían muchos gurúes, quienes atesoraban el conocimiento sin transmitirlo en su totalidad a sus semejantes, sin embargo una estela se presentaba en el horizonte para dar al verbo la esperanza de exteriorizarse en forma de letras. Naciendo así la verdadera luz que alumbraría a las civilizaciones. La historia inaugura su primera página otorgando el privilegio al gran escritor griego Homero, quien entre espadas y flechas da lumbre a futuras generaciones. La Ilíada preludió la nueva estirpe que luego se internaría en la sempiterna y misteriosa Odisea, donde la musa fluye a través de la pluma, los monstruos que emergen del insondable ser dejan de ser temibles, las gigantescas olas son apaciguadas, la furia de los ríos se sosiega con el lírico verbo y los ciclones son arrobados para ser transfigurados en cálidos suspiros. No todo quedó allí; Dante Alighieri, digno representante de este maravilloso linaje nos legó el numen que brota del alma mostrándonos que la vida puede ser una Divina Comedia. No obstante, hay quienes pensaban y aun lo hacen, que la lectura conduce a la locura, imperdonable error de quienes desde su sedentarismo mental crearon una fobia hacia tal práctica. Muy lúcido fue el escritor Miguel De Cervantes cuando escribió su obra cumbre Don Quijote De La Mancha, sólo los eruditos aceptan que en las letras se puede encontrar el pináculo que nos eleva hacia la celestialidad innata en el alma de cada ser humano y que nos llevará por la senda que conduce al reino de los inmortales, pero en la tierra. Mientras más intensas son las luces más se enceguecen los ojos, así es el conocimiento, mientras más nos internemos en él más lejanos nos tornamos de los seres comunes, quedando demostrado que no es a los molinos a los que se debe temer. La fragancia de los libros seduce los sentidos deslastrando al lector de la realidad e internándolo en el universo donde las vivencias jamás mueren. Julio Verne jamás temió a grutas que atemorizan y hielan la sangre, se mantuvo firme obviando las alucinaciones creadas por la sociedad. Apoyado en su don divino, péndola en mano, apartó los escombros y se enrumbó en un Viaje al Fondo de la Tierra. Con nuestro talento e imaginación conseguimos viajar a lo mas intrínseco de nuestro ser, escriño que atesora los misterios del universo. Qué pensaría Ernesto Sábato si la humanidad se convirtiera en bibliofoba? Seguramente ésta quedaría prisionera en El Túnel que conduce al submundo donde el raciocinio es encubierto por las tinieblas. Emily Bronte, con Cumbres Borrascosas pudo avizorar que más allá de las penumbras, más que espectros, hay vivencias desconocidas que jamás mueren y fascinan al entendimiento. En este plano, muchos de estos escritores jamás se conocieron, no obstante, existe una conexión entre ellos, un poderoso lazo que les une a través del tiempo: la intelectualidad. Este linaje pervive en la memoria de la historia, desde allí la inspiración llega como algo celestial para dar continuidad a sus elegidos, comunidad sin frontera que se manifiesta en distintas dimensiones. Miguel Otero Silva, quiso con sus trabajos que las mentes de sus lectores dejaran de ser Casas Muertas habitadas por el tedio y la rutina, recordemos que el pensamiento es el reino de las ideas y desde allí el mundo deja de verse en blanco negro o apenas gris, pincelándolo con los colores de la imaginación. Teresa De La Parra compartió las Memorias de Mama Blanca con quienes vivimos en busca de vivencias perdidas. Jonathan Swift, navegando entre mares prohibidos nos mostró en Los Viajes de Gulliver, que las huidas del hombre pueden traducirse en la búsqueda del mundo interior donde cada quien, es enano o gigante de su propio destino y Daniel Defoe, con Robinson Crousoe brindó códigos de vida extrapolados de tiempo en tiempo encerrando distintas moralejas y desde ellas inferimos que el hombre no puede vivir alejado del conocimiento ya que con un buen libro se pueden cruzar océanos y salir de esos aislados días que avejentan el alma. Julio Cortázar, engalanó la filología con Ceremonias, seduciendo la inteligencia mundanal. Jorge Luis Borges, penetró la calidez en Ficciones brindando al entendimiento un mundo que va más allá de los cuentos, al analizar la obra de Arturo Uslar Pietri, nuestra piel se impregna de heroicidad recordando las Lanzas Coloradas. Gabriel García Márquez, no quiso para sí Cien Años de Soledad, su vida ha sido un constante viajar a bordo de las letras. Nunca estará solo quien tiene el don divino de la escritura, millones son quienes acompañarán sus pensamientos y sentimientos. Charles Dickens, en El Espíritu de la Navidad conjugó lo malo del pasado con el presente, con la idea de que los buenos sentimientos no se congelaran en el frio rostro del futuro. Franz Kafka, con su ingenio demostró que la realidad puede conllevar a una Metamorfosis desfigurando y destruyendo al hombre carente de voluntad, siendo arrastrado por la brisa de la indiferencia como hojarasca marchita. En la atormentada mente de Edgar Alan Poe, anidaron Los Cuervos, los cuales fueron liberados a través del canal de sus pensamientos: la pluma. Las miserias son colectivas y aun más lo fue el racismo, eso lo sabía Don Rómulo Gallegos y en un acto de conciencia obsequió a la humanidad Pobre Negro. El infortunio del hombre no está en el color de su piel, ésta yace en el corazón y se arraiga en un alma indolente alejada de la cultura que humaniza. La galería de escritores es inmensa y pertenece a la legión donde se consagran lo más conspicuo y excelso de la creación, ungidos por el enigmático poder de Dios, para mezclar lo divino con lo humano.
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