Cuando viajas a otro país las expectativas son altas, te embarcas, llegas a otra ciudad en la que en ciertas ocasiones no conoces a nadie y lo que traes en la maleta, además de un poco e’ ropa que de seguro quieres renovar, son un conjunto de sensaciones que se entrelazan y a veces llegan a ser confusas. Te emociona estar en un lugar totalmente nuevo pero te deprime un poco estar solo y no compartirlo con alguien conocido, te llenas de júbilo cuando conoces cosas interesantes pero sientes nostalgia por tu tierra. Es interesante tratar de mezclar estas dos realidades y crearse un mundo interno en el que el balance sea lo que prevalezca por encima de los arranques desmedidos de ansiedad. Entonces te encuentras caminando por lugares nunca antes vistos con los audífonos puestos y escuchando una pieza que te lleva a sentirte un poco en casa, Ensamble Gurrufío y su “Cinco Compañeros”, valga la acotación es reproducción aleatoria. Luego de estas caminatas viene el descontento, aunque si se quiere es más anhelo que descontento. Afán por tener en tu tierra cosas que conoces en teoría, no obstante, observar en la práctica es totalmente nuevo y que para su disfrute se debe trabajar duro tales como el civismo, el orden, el cumplimiento de las leyes, la seguridad, el progreso, por sólo nombrar algunas.
He de incluirme en el grupo de personas que está en contra del proceso político que impera en mí país y que cree que las cosas están mal pero también cree que no es imposible cambiar el rumbo; que no es el primer país en afrontar duras situaciones y que tampoco será el último. Respeto la decisión de quienes optan por irse en busca de un futuro mejor, pero lo importante es que regresen a echar una mano cuando haya que construir un mejor camino para nosotros y nuestra nación, y eso es ya!! No es meritorio caer en el ámbito tradicional, en el que “extrañas tu país cuando te vas”, pero sí debo decir que aprendes a quererlo más y que valoras más todas esas pequeñas cosas que llenan tu día a día, como el aroma a café recién colado en lugar de un té o de un Nescafé de frasco; el olor de la arepa asándose en el budare, en lugar de un pan de Subway; el buenos días cálido de un vecino, en lugar del “dzie dobry” (buenas días) de un desconocido, el sabor de una arepa con carne mechada en lugar de un Kebap y por sobre todas las cosas, mi caso particular, extraño la bendición de mis viejos y los molestos cantos de mi hermana, en lugar de un balcón en mi cuarto con una espectacular vista y un gato que no cesa de maullar cuando me ve comiendo. A pesar de todo debo ser agradecido puesto que todo lo que he encontrado en estas tierras me ha servido de aprendizaje, nada que decir en contra de la amable hospitalidad de este país y su gente que mucha ayuda me han sabido brindar. A pesar de todo, el tiempo transcurre rápido, acompañado de arduo trabajo en diseño y largas sesiones de correr a la orilla del río Wislok, a veces, a 7°C con un sol de mediodía cuando son las 8 de la “tarde”, días de 19 horas y noches de 4, porque la otra hora se la reparto entre el crepúsculo matutino y vespertino... no da mucho chance para soñar y lo que queda es echarle pichón a la vaina pa’ salir adelante.
*Estudiante de 9no. Semestre
Facultad de Arte, Escuela de Diseño Gráfico
Universidad de los Andes
Mérida - Venezuela
Pasantía: autofinanciada con sueldo devengado en la empresa donde hace la pasantía y con el aporte de sus padres.
Empresa: Kiwi Media
Rzeszów - Polonia |